sábado, 20 de marzo de 2010

Lo importante de Comer juntos en familia


La comida familiar es un excelente momento para educar en los buenos modales, dar encargos y conversar sobre las actividades de cada uno de los miembros de la familia. El comer todos juntos es buen momento para unir, educar y compartir. De aquí la necesidad de fomentar, desde que los niños son pequeños –siete años o incluso antes- la importancia de comer en la mesa.


ENTRADA:


La importancia de comer en familia


- Ingredientes: Todos los miembros de la familia. 1 mesa de comedor.
- Comida.


Con estos pocos y simples ingredientes se prepara una sabrosa entrada con grandes beneficios familiares. Saber lo que le está sucediendo a cada miembro y compartir experiencias. Unir y formar a los miembros de una familia. Transmitir valores familiares. Inculcar gustos y tradiciones propias, como por ejemplo una buena receta. Para lograrlo no se trata de comer juntos en esas ocasiones especiales que se festejan en la mesa como bautizos o cumpleaños, sino por el contrario es la comida diaria la que tiene un gran valor formador para la familia y los padres deben defenderla a toda costa.


Al respecto, la historiadora Lucía Santa Cruz, autora del libro "La Buena Mano" dice: "Hoy se tiende a la dispersión. Por eso es imperioso que quienes viven en un mismo techo tengan la costumbre de juntarse. Y la hora de las comidas permite ese encuentro con periodicidad. Es ahí donde aflora lo que está sucediendo en cada uno de sus miembros, la instancia donde se expresa lo bueno y lo malo que hay en ella. Por el contrario, bandeja en mano, el grupo se reduce a átomos aislados que han perdido toda sociabilización".


"Comer en la mesa es una manera de cuidar lo propio. En la mesa nacen gustos y tradiciones familiares, se repite en los hijos el cómo fuiste educado, se rescatan recetas de la familia".


PLATO DE FONDO:

Formación y Enseñanzas


- Ingredientes: Una buena dosis de paciencia. Un poco de tolerancia. Muchas normas de urbanidad.


En muchas casas la "política" es que los más chicos no coman con los grandes porque no se aceptan mañas ni faltas de educación. Pero con este criterio, ¿cuándo se educa si no es en la mesa? Sin duda, que los niños que comen con los grandes aprenden mucho sobre buen comportamiento, pues se está en el lugar preciso para hacerlo. Con los ingredientes mencionados, la meta es inculcar urbanidad y lograr actitudes tan simples pero importantes como: - Buena presencia: peinado y manos limpias. - Respetar el turno para servirse, contener la ansiedad. - Servirse bien: saber tomar y dejar los cubiertos como corresponde. - Esperar que todos se sirvan para empezar a comer. - Sentarse bien y no poner los codos sobre la mesa. - Comer bien: con la boca cerrada y llevar el cubierto a la boca. - No jugar con los cubiertos, ni hablar con la boca llena. - Usar correctamente la servilleta y no levantarse a mitad de la comida. Con estos detalles se logra un excelente plato de fondo que es el respeto a los demás, evitando que bajo el pretexto de la autenticidad o sencillez se deje entrar la ordinariez.


POSTRE: Todos al servicio


- Ingredientes: Abundancia de buena voluntad. Mucha organización. Un poco de creatividad. Tras una comida ha habido un esfuerzo oculto de muchos. Alguien compró lo necesario y dispuso qué comer, hubo que poner la mesa y preparar la comida, será necesario lavar y guardar.


Entonces, como postre, nada mejor que coronar la comida con una organización en la que todos participen y aprendan desde chicos la importancia de ayudar.


El menú: ¿Qué hago de comer mañana? Puede ser una frase torturadora para una dueña de casa si ésta se repite todos los días. Por eso se puede encontrar un minuto para que todos lancen ideas para el menú semanal. Así éste incluirá las salchichas y papas fritas que pidieron los niños, pero también el cereal y las lentejas que los alimentan. Además se podrá balancear el menú, de modo que no se topen dos días de caldo o de masas. Y, sobre todo, hará que sea responsabilidad de todos la comida.


Las compras: A esta edad los hijos pueden ser grandes colaboradores a la hora de hacer las compras. Llevarlos para que se hagan cargo de un carro es una buena manera de involucrarlos. Poner la mesa y ayudar a servir: Los más chicos son especiales para esta tarea. Darlo como encargo fijo y por turnos, evita el desorden que significa que todos se paren o que ninguno lo haga esperando que el del lado "atine". Salidas fáciles: Hay veces que por falta de tiempo o presupuesto se tiende a la salida fácil. Pero no hay que dejarse engañar: una pizza puede ser más cara que un puré con huevo; y se preparan más rápido unos sabrosos tallarines que los típicos panchitos.


MÁS ALLÁ DE LA MESA


El llamado: El hecho de ser llamado a la mesa implica un momento de calma. Se detiene todo lo que se estaba haciendo por ir a sentarse y estar con los otros. Es un paréntesis en la vida, una especie de retiro espiritual de la familia. La posición: En la mesa se obliga a estar derecho y hacia adelante, con ello hay una disposición del cuerpo de comunicación y de mirarse más directamente. Hay que destacar que toda reunión importante se hace en torno a una mesa. El abocarse a comer implica un tiempo obligado de atención, porque en la mesa no se aceptan interrupciones. Para levantarse o ausentarse de ella, debe ocurrir un hecho muy urgente o muy violento. Alimentarse es un momento que te obliga a hablar. El diálogo es más fluido, porque hay elementos distractores como el "pásame la sal o la ensalada". Esta instancia es la gran escuela de educación.



LOS SÍ Y LOS NO A la hora de comida hay reglas que hay que respetar. Y es mejor dejarlas claras con anticipación para evitar peleas posteriores.

- No a las quejas y reclamos por la comida.

- Sí enseñar a agradecer que se tiene algo bueno y caliente para comer y aceptar sugerencias en el menú.

- No poner la televisión en el comedor, pues ella corta toda comunicación.

- Sí a las excepciones que confirman la regla. Por ejemplo, cuando el equipo nacional juega un importante partido.

- No hablar por teléfono y mucho menos ponerle un puesto al inalámbrico.

- Sí aceptar recados que podrán ser contestados después de comida.

- No permitir el sistema de comer en bandeja. No hay excusa que valga para no sentarse en la mesa.

- Sí preparar un detalle que rompa la rutina, como un mantel de papel y lápices el día del santo de uno de los niños.

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